Su desencarnación

VVMM Litelantes y Samael Aun Weor

El proceso de desencarnación del Maestro duró tres meses, y el de la Venerable Maestra Litelantes dos años, culminando a las 20 horas 10 minutos del 5 de febrero de 1998...

Durante su enfermedad, daba mucha pena ver a nuestra Señora Litelantes, quien estando saludable cansaba a las muje­res jóvenes —las que no resistían su ritmo de trabajo— postrada ahora en la cama... También daba pena ver que algunos la consideraban una viejita enferma y no como la Maestra que era —y es—, como si estuviera chocheando y con demencia senil...

En nombre de la verdad puedo afirmar que, al menos conmigo, siempre mostró la mayor lucidez, y si bien eran impenetrables algunos de sus designios y palabras, nunca pude apreciar el más mínimo desvarío. Se entiende que cualquier persona tiene más sabiduría conforme va haciéndose anciano, con mayor razón los Maestros, que acrisolan de por sí la sabiduría del Ser, y mientras más edad tienen, más se incrementan sus poderes y su sabiduría sagrada...

Momentos antes de ser llevada al hospital para someterla a la intervención quirúrgica, tuve la suerte de verla, y al contestarme el saludo balbuceó unas palabras ininteligibles, pues el dolor era tan intenso que no la dejaba hablar.

La causa formal de su muerte fue una múltiple trombosis intestinal. A pesar de que le fue retirado el trozo de intestino afectado, ya nunca logró recuperarse... Un querido amigo le impuso los sagrados óleos.

Curiosamente, el tipo de operación quirúrgica que le fue practicada es una virtual crucifixión, pues en tal posición debe ponerse al paciente para que los médicos tengan capacidad de maniobra.

Cuando falleció, era evidente en aquella sala de velación del ISSSTE, el contraste de nuestra errática conducta con la exquisita paz y extraordinaria jerarquía que hasta el propio cuerpo inanimado de nuestra Gurú Litelantes irradiaba, esto debe quedar impreso para siempre en nuestra psiquis. Hasta el último momento nuestra Venerada Maestra nos dio una maravillosa enseñanza...

Nunca le gustaron las camionetas suburban, decía que parecían carrozas fúnebres; curiosamente, fue en una suburban habilitada como carroza en la que trasladaron sus restos mortales al crematorio del Panteón de Dolores...

Al besar su frente por última vez, momentos antes de ser cremada, se conmovió mi corazón... Su rostro seguía con aquella serenidad inefable, aquella ligera sonrisa que reflejaba la más profunda paz, la más exquisita felicidad...

¡Su sufrimiento físico estaba concluido!

Sus cenizas fueron arrojadas al mar en el puerto de Acapulco... Cuando tiré un puñado de éstas al mar, un golpe de aire hizo que un poco de ellas me llegara al rostro, quedando en mis labios una pequeña porción, su sabor era ligeramente salado...

Al pegarles la luz del sol brillaban con tonos dorados, parecía que echásemos oro molido al mar...

Oro sin mancha, oro sencillo, oro sin mezcla, oro sagrado —Horus, Aurus, Oro encarnado—, oro perfecto eres tú, ¡oh, Bendita Maestra Litelantes!...