Su sagrada herencia es tan extraordinaria como misteriosa, inescrutable...

VVMM Litelantes y Samael Aun Weor

Sin embargo, se puede decir que el principal regalo que le dio a la humanidad fue levantar a ese Coloso de la Alquimia, el Más Grande Cabalista y Alquimista moderno, ese Maestro Trascendental, el Buddha Maitreya, el Kalki Avatara de la Nueva Era Acuaria: el Venerable Maestro Samael Aun Weor. ¡Salve, Cristo Rojo de Acuario!

Nuestra Madrecita llegó a decir que el Maestro escribió apenas el 5% de lo que sabía. Cuando una dama le insistió en que hablara sobre el restante 95%, respondió: Esfuércese usted en saberlo, si no saben ni siquiera del 5%, ¿cómo quieren saber lo demás? Así que nos enseñó que la verdad, la terrible realidad, es que estamos muy lejos de saber siquiera el 5% de ese 5% del que habló el Maestro, y más lejos todavía de experimentarlo.

Sin embargo, a la vez nos enseñó que los Maestros quieren que nosotros vivamos con naturalidad y sencillez la enseñanza, que tengamos fe, para que algún día alcancemos las grandes metas que para nosotros tienen designadas. (Sin más armas que su fe en Jehová Sabaoth y una pequeña piedra, David derrotó a Goliat).

Eso es lo que la Maestra vino a enseñarnos: A tener fe, a ser fuertes en el Señor, a morir con tal de ver el rostro del Señor, a morir en nuestros pecados, egos o demonios internos, para que nuestro Señor el Cristo nazca en cada uno de no­sotros.

Su enseñanza fue del corazón, no del intelecto, no de la sabihondez, no de la santurronería, no del fanatismo, no de la ambición, no de la explotación del prójimo...

Fue la enseñanza del corazón ardiente por el fuego crístico, el fuego sagrado que nos lleva más allá del bien y el mal, el quemante fuego del rigor, de la severidad, y a la vez del perdón y la misericordia; la enseñanza del corazón lleno del fuego exquisito del Fiel de la Balanza, terrible fuego de Amor y Ley.

¡Bendito seas, fohat sagrado, inefable fuego devorador, rosa ígnea, rosa de la crística cruz, exquisito fuego de nuestra Señora Litelantes!

En verdad que sólo con el corazón podremos comprender y vivir esta maravillosa enseñanza. Oyendo la voz del corazón podremos escuchar el latir del universo, como nuestra querida Maestra lo hizo.

Siguiendo la magistral enseñanza de nuestra bienamada Señora Litelantes, aprenderemos a vivir la vida, pues como ella solía decir: La universidad de la vida es la más difícil de todas; para eso estamos aquí, para aprender a vivir.

Recordemos que el Maestro insiste en que la iniciación es la vida misma, por tanto, aprobar dicha universidad equivale a alcanzar la verdadera iniciación.

Todos los Grandes Señores que en el mundo han sido, han depositado cierto número de valores en nosotros... ¡Quiera Dios que fructifiquen en nuestros corazones!

¡Bendita seas, Madre nuestra Litelantes! ¡Todo pasará, pero tus palabras crísticas no pasarán! ¡Tu divina enseñanza, tu sagrada Iglesia permanecerá para siempre!
¡Bendita seas por todos los siglos, Señora Litelantes, raíz de la luz, luz de la luz, luz bendita, luz sagrada, luz inmortal!...
¡Sí, ven presto con tu hermano Jeshua! ¡Sea El Señor del Juicio con nosotros! ¡Amén!
Fiat Justitia, ruat coelum
(Hágase Justicia aunque se hunda el cielo)

¡GLORIA A LITELANTES!

¡Gloria a ti, Litelantes,

Madrecita nuestra Divina!,

con roble y encina

formas los Hierofantes.


La severidad de la Ley

tornaste misericordia,

diste corona al Rey

y al pueblo concordia.


Las aves tu nombre cantan:

¡bella melodía de luz!

¡Las tinieblas se espantan

de la rosa en tu cruz!